jueves, 3 de abril de 2025

AMADA


Desde el día en que nació este amor, con la luna revuelta en los ojos y el corazón cosido con hilo de imposibles, supe que era un asunto de arenas movedizas. Te prendiste en mi alma oliendo a viento salado y a café recién colado, pero sin que nadie pudiera tocarte más allá de la piel, como si la ternura fuera una quimera que solo se le ocurría a mi corazón enajenado. 

 

Este amor nació en mi alma llena de aguaceros y en mis manos sucias de mundo, con la urgencia del que ha amado demasiado y ya no sabe vivir sin dejarse la vida en el intento.

 

Te busqué en las esquinas de la madrugada, en el eco de los boleros tristes, en las brisas que arrastraban tu olor a tamarindo y mandarina dulce. Y tú, intacta. Inmune al deseo, con esa frialdad de las estatuas que nadie adora, con la soberbia de las diosas que no han probado el abismo. 

 

Te nombré en cada gemido de la tierra mojada, en el temblor de las noches donde el insomnio es un amante cruel. Pero tú seguías ahí, dura como la piedra, intacta como un juramento sin sangre. 

 

Me fui mil veces y mil veces volví, porque el amor es testarudo y se aferra hasta a los clavos oxidados. Pero en algún punto de la historia, supe que hay batallas que no se ganan ni con pólvora ni con promesas. 

 

Así que me fui. Me fui con la verraquera del que sabe perder, con la desfachatez de quien ha dejado el corazón tirado en la puerta de otro y se marcha silbando una canción. 

 

Y mientras me alejaba, una certeza me golpeó la espalda como una pedrada: algún día, sin aviso ni remedio, el amor te va a tocar la puerta. Y cuando eso pase, vas a saber lo que es estar del otro lado de la historia. 

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos 


Fotografía Darwin Córdoba

miércoles, 2 de abril de 2025

YARUMALES


Después del bombardeo 

resurgió nuestra risa, 

como río que no acepta fronteras, 

como boca que besa a pesar del miedo. 

 

Desde la trinchera 

nos crecieron alas, 

hambrientas, firmes, 

dibujando futuro en la piel herida. 

 

Y salimos, 

con ceniza en los labios, 

con el cuerpo ardiendo de ganas, 

a pintar otra vida 

sobre las ruinas del olvido.

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos


Carlos Pizarro Leongómez y Gustavo Petro Urrego

martes, 1 de abril de 2025

PORQUE SIEMPRE HABRÁ UN ABRIL


Te abrazo con furia, 

con urgencia, 

con el cuerpo que se niega

a ser trinchera vacía. 

 

Uno, dos, tres… 

diecinueve veces tu piel es mi frontera, 

mi barricada en llamas, 

mi himno escrito en sudor sobre tu espalda. 

 

Siempre habrá un abril 

para volver a incendiar la historia, 

para arrancarnos la piel con las manos, 

para desatar la guerra en la cama 

y rendirnos solo cuando el mundo se derrumbe. 

 

Que tiemblen los muros, 

que se abran los labios como estallidos, 

porque este amor no se esconde, 

no pide tregua, 

no se calla. 

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos

Óleo de Tarmeño Fernandez Villalba