martes, 11 de febrero de 2020

AMANECERES







































Quiero un beso tuyo, un beso mañanero, un abrazo que me rompa los huesos con su fuerza y su ternura. Quiero tu voz en mi oído, una palabra suave que me retumbe en la mente todo el día.

Quiero que me aprietes, como apretabas tus muñecas cuando eras niña. Dame, en un instante, más que un sueño, una certeza: la certeza de vivir por un motivo. Porque te pienso en el filo del deseo, en el borde del abismo.

Quiero encontrar ese punto cardinal en tu piel, como una rosa de los vientos. El punto desde el que se salta al vacío, una y otra vez. Quiero recorrer la memoria de tu piel, volver a sentir ese latido que quiere escapar de tu pecho.

Quiero que me desees con un fervor inatajable, que me hagas tuyo, que descanse entre tus brazos después de amarnos sin descanso. Y entonces, oír el latido en tu pecho, después de haber alcanzado juntos el cielo.

Quiero besarte despacio, poco a poco, resucitar en tu memoria. Quiero tu lengua, el sabor de tus labios. Y entonces sí, bajar, recorrer palmo a palmo, explorando tus caminos hasta perderme en tus espasmos.

Quiero que sientas mis manos reencontrando tus sueños. Ver tus ojos asombrados cuando los míos brillen de deseo. Quiero escuchar ese suspiro que te deje sin aliento.

Quiero dejarme llevar por las últimas palabras al final del penúltimo momento, cuando juntos reconozcamos el sendero de tu piel, apretada entre mis brazos, y morir en tus surcos, para renacer en tus deseos.

NO LO DUDES



TU MAÑANA

Hay mañanas como esta en las que, al abrir los ojos, la mañana se transforma en tu mañana. La música que escucha se convierte en tu música, llenando cada rincón y la ventana. La mañana entonces adquiere música, la música una ventana y la ventana se inunda con la luz de esa mañana, tu mañana, acompañada por tu música.

El sol calienta con la misma intensidad que tus besos y tu risa se convierte en la melodía que choca contra el ventanal y se transforma en caricias, las caricias en música, y la música en mañana, tu mañana.

Hay mañanas como esta en las que cada rincón se ilumina con tu imagen y cada imagen se convierte en olores y sabores. Sabores a frutas y olores a flores que se transforman en manos y caricias, en luces destellantes que compiten con el sol.

Hay mañanas como esta en las que me niego a perder tu recuerdo, en las que disfrazo tus besos en el café recién colado, en las que transformo el agua que me baña en tus palabras, en las que tus ojos se vuelven el reflejo del sol. en la ventana.

Hay mañanas como esta que se vuelve tu mañana. En las que sigo esperando verte, en las que no quiero perder la razón de extrañarte y lucho contra el olvido, el tuyo y el mío, dos voraces dragones que devoran, a mordiscos, la música y el viento, el sol y la ventana, tu imagen y tu risa y, poco a poco, la mañana, tu mañana.

domingo, 18 de noviembre de 2018

XXXIV

Imagen relacionada
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