sábado, 30 de noviembre de 2024
LA BALADA DE LA CALLE SEGUNDA
RITUAL DE BRISA Y PENUMBRA
Llegué despacio,
como quien cruza un claro donde la luz es sagrada,
como quien teme quebrar el aire puro
que guarda los secretos del bosque.
Pero no pude evitarlo.
Tu aire se abrió,
como un río herido por la piedra,
y en su quebranto cayeron las certezas,
los temores domesticados,
las promesas hechas de ceniza.
Todo se desplomó,
como las hojas que, al fin, encuentran la tierra.
Y entonces, sin tocarme,
me alcanzaste.
Eran tus ojos,
serranos y profundos,
los que tejían en mi piel un rumor de abismos,
un lenguaje nacido de río y montaña.
Tu voz,
esa brisa que lleva el aroma del pino,
se hundió en mi pecho como un aliento divino,
y me desnudó.
No hizo falta el roce,
ni el tiempo,
ni la caricia de las ramas.
Solo tu mirada bastó,
y en ese instante,
mi piel fue un campo tuyo,
mi aire,
mi tormenta,
y mi silencio,
todo tuyo,
como en el principio de los tiempos.
Jorge Alberto Narváez Ceballos
viernes, 29 de noviembre de 2024
MUJER ISLA
Mujer cedro, mujer angustia,
raíz que exhala sombra de vértigo,
en ti gravita la danza del trigal,
el furor violeta que incendia los espejos.
Mujer sandía, dulce estallido,
en la tormenta de tus labios
giran astros de pulpa y agua,
y el mundo es un himno de sal y fuego.
Busco una isla para sembrarte,
en la espesura de su aliento inventaré mi libertad,
mi cuerpo, mis movimientos;
todo será nube y oleaje,
todo será el ritual de la marea
que tus manos conducen al infinito.
Eres la matriz donde el tiempo se envuelve,
la isla donde mi piel aprende
que el abismo puede ser cuna de sueños
y que el deseo es una lámpara perpetua
que enciende al universo.
Jorge Alberto Narváez Ceballos
TE BESARÉ
Te besaré, amor,
como quien bebe de un manantial infinito.
Atravesaré tu cielo,
el firmamento tierno de tu piel desnuda,
y en las constelaciones de tu aliento
hallaré mi norte.
Me internaré en tus ramas,
árbol vivo que enreda mi deseo,
y enredado en tu abrazo de raíces,
me haré savia,
circularé en tus líquidos
como río que anhela ser mar,
como mar que se funde en la tempestad de tus venas.
Surgiré de la yema de tu corteza,
latido fresco que grita tu nombre,
y al tocarte,
me haré flor que despierta
en el jardín de tus secretos,
alimentándome de tu aroma,
de la humedad que emana del abismo de tu ser.
Te besaré, amor,
y en ese beso,
me sembraré en ti
para renacer.
Jorge Alberto Narváez Ceballos
ERES, AMOR, LA RAÍZ Y EL CIELO
Tú,
mi vida,
la raíz ardiente que nutre mi sangre,
el cielo que se despliega en tormentas y calma,
mujer río, mujer volcán,
mujer que arde en mi pecho como fuego sin tregua.
Eres el pulso de la piedra viva
que desafía al tiempo,
el sol que nunca cede al ocaso,
la nube errante que moja mis días de sueños.
Eres el canto profundo de la tierra,
la savia secreta de mis palabras,
la espina que me hiere y me despierta,
la caricia que incendia y renueva.
Mujer viento, mujer noche,
mujer que dibujas constelaciones
en la arena efímera de mi paciencia,
y vuelves siempre como un deseo eterno
que no conoce final.
Eres, amor,
la raíz y el cielo,
la piedra que respira,
la voz que habita mi silencio.
Jorge Alberto Narváez Ceballos
jueves, 28 de noviembre de 2024
¿DÓNDE SINO EN EL OLVIDO?
Y entonces, ¿dónde te fuiste?
Dejaste el aire detenido, como si el viento hubiera perdido la memoria de sus
pasos. Dejaste un eco hueco, un hueco que antes era morada de mis palabras
alegres, esas que brotaban como soles pequeños en tu pecho. Ahora son polvo
disperso en la mesa del tiempo, cenizas que mis manos inútilmente tratan de
reunir.
¿Dónde quedó mi sonrisa? Esa que
iluminaba los rincones más oscuros de tu mundo, esa que ahora tiembla, oculta,
en los márgenes de mi reflejo. La busco en los espejos y solo encuentro rostros
que no nos conocen, rostros que ignoran el idioma que inventamos.
¿Y los sueños? Esos que tejimos
con la delicadeza de quienes saben que la madrugada no regresa. Se han
escapado, como hilos sueltos, como barcos que naufragan en los laberintos del
tiempo. Ahora son suspiros que mueren antes de ser oídos, promesas que se
ahogan en el río de los días sin tu risa.
Te fuiste. Y contigo se fue el
latido que marcaba el compás de mis horas. Lo dejaste todo en un lugar que
duele. ¿Dónde, sino en el olvido? Ese olvido que no es ausencia, sino carga. Un
peso frío, como una piedra que se hunde despacio en el centro del pecho, recordando
siempre lo que no volverá.
Tal vez, pienso a veces, no te
fuiste del todo. Quizás habitas, agazapada, en los rincones más oscuros de mi
silencio. Allí estás, como un susurro que duele pronunciar, como un nombre que
se niega a irse porque sabe que la memoria, aunque duela, también ama.
Jorge Alberto Narváez Ceballos
SOMOS VIENTO
Somos viento,
somos el eco que se cuela entre las grietas del pasado,
la voz que no se ahoga en el silencio impuesto.
Somos victoria arrancada a la tierra con las manos
desnudas,
con la mirada fija en un horizonte que aún no conoce el
amanecer,
pero que ya siente el calor de la primera luz.
Somos la espiga que se niega a doblarse ante la
tormenta,
el susurro de los ríos que nunca dejan de fluir,
el tambor en el pecho que late por un pueblo
que no sabe rendirse,
que no sabe callar.
Somos esperanza sembrada en el surco de los días
grises,
la chispa que enciende la hoguera en noches de frío,
el futuro que no espera sentado,
porque el presente es su campo de batalla por la vida.
Somos viento,
viento que arrastra el polvo de las cadenas rotas,
viento que canta con las gargantas de los caídos,
que alza las banderas con sus nombres grabados
y que susurra en cada esquina:
El pueblo vive, el pueblo sueña, el pueblo vence.
Jorge Alberto Narváez Ceballos






