jueves, 25 de julio de 2024

EVOLUCIÓN

 EVOLUCIÓN

 

Posesión mística, donde el alma se desnuda ante el infinito, 

donde la respiración jadeante es un canto antiguo, 

y la noche se despliega sin fin, sin límites, 

como un lienzo oscuro en el que se pintan sueños y esperanzas.

 

Cada mirada, un augurio de caricia, 

cada caricia, un preludio de movimiento, 

cada movimiento, un espasmo de pasión incontrolada, 

y cada espasmo, un beso que consume y se renueva.

 

Así, en el laberinto del deseo, 

donde las fronteras se disuelven y los límites se desvanecen, 

cada gesto es un verso, 

cada encuentro, una revelación de lo eterno.

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos.



CARTAS DE AMOR 26

CARTAS  DE AMOR 26

 

Señora bonita,

 

Mi amor empieza por desear, desear mirarla, desear oírla, desear sentirla, desearla. Porque es así que empieza el verdadero amor. En cada latido de mi corazón, en cada suspiro que escapa de mis labios, se encuentra el anhelo profundo de tenerla cerca, de compartir cada momento, cada risa, cada silencio.

 

No es solo la presencia física lo que busco, aunque eso también sea un bálsamo para mi alma. Es su esencia, su ser, lo que realmente ansío. Deseo mirarla, no solo con los ojos, sino con el alma; ver más allá de lo visible, adentrarme en sus pensamientos, en sus sueños, en sus miedos y alegrías. Porque en esa mirada compartida, encuentro la paz que mi corazón inquieto necesita.

 

Desear oírla, no solo su voz melodiosa, sino también el silencio entre sus palabras, los murmullos de su corazón. Cada palabra suya es un verso en el poema de mi vida, cada risa, una melodía que llena de armonía mis días. Y en esos momentos de callada complicidad, cuando nuestras almas conversan sin necesidad de palabras, es donde encuentro la verdadera conexión.

 

Desear sentirla, no solo su piel contra la mía, sino su calor, su energía, su esencia. En un abrazo, en una caricia, en el simple roce de nuestras manos, hallo la fuerza para enfrentar cualquier desafío. Su presencia es mi refugio, su tacto, la calma en medio de la tormenta.

 

Desearla, en todos los sentidos posibles, en cada faceta de su ser. Porque es en ese deseo que el amor cobra vida, que se nutre y se fortalece. No es un amor superficial, pasajero. Es un amor profundo, arraigado en el alma, que se expande y crece con cada día, con cada pensamiento, con cada susurro.

 

Así empieza el verdadero amor, con el deseo genuino de estar, de ser, de compartir. Con la certeza de que, aunque el mundo cambie, aunque los días pasen, este sentimiento se mantendrá intacto, inmutable. Porque usted es mi sueño, mi inspiración, mi todo.

 

Con todo mi amor,

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos.



URIBISMO BESTIAL

 URIBISMO BESTIAL

 

Un espectro recorre los valles, 

Águilas negras, de garras letales. 

Desde las cimas de su poderío, 

desciende el eco de gritos callados.

 

La tierra tiembla bajo su peso, 

las madres lloran hijos robados. 

Es la mano dura, la voz de hierro, 

la que dicta órdenes sin remordimientos.

 

Se yergue el caudillo con sonrisa de mármol, 

mientras el campo sangra, 

mientras el río arrastra cuerpos anónimos. 

En su nombre, justicias torcidas, 

promesas de paz sobre cimientos de guerra.

 

Bestia que aplasta, 

que silencia, que oculta, que mata. 

Es el miedo vestido de orden, 

la paz disfrazada de estatua.

 

En los caminos polvorientos, 

quedan los rastros de su paso, 

huellas de botas, casquillos gastados, 

y en las noches, susurros de fantasmas olvidados.

 

Un cielo teñido de fuego, 

y la gente, en susurros, 

recuerda el uribismo bestial, 

con temor y con rencor, 

esperando un amanecer, 

libre de su sombra.

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos.



TAITA URCUNINA Y MAMA COCHA

 TAITA URCUNINA Y MAMA COCHA

 

En los pliegues del tiempo y la memoria, donde la realidad y la leyenda se entrelazan en un abrazo cósmico, existe una historia de amor que trasciende los tiempos, una historia tallada en piedra y agua, en fuego y viento. Es la historia de Urcunina, el volcán eterno, y la laguna de La Cocha, un amor ancestral que ha perdurado desde el nacimiento del mundo.

 

Urcunina, el gigante de piedra y lava, se alza majestuoso sobre la tierra, su corazón ardiendo con la pasión de mil soles. Desde su cima, contempla el vasto paisaje que se extiende ante él, un reino de verdes eternos y cielos infinitos. Pero su mirada siempre se detiene en el espejo sereno de la laguna de La Cocha, cuyas aguas reflejan el cielo y los sueños del mundo. En la calma de sus profundidades, La Cocha guarda secretos antiguos y susurra historias al viento.

 

La Cocha y Urcunina comparten una relación que es tanto cómica como mítica. Se dice que, en los albores del tiempo, Urcunina, con su voz de trueno, cortejaba a la laguna con poemas de lava y ceniza, mientras ella respondía con risas de agua y reflejos dorados. Sus diálogos eran una danza de elementos, un juego eterno donde el fuego y el agua se buscaban y se esquivaban, creando un balance perfecto entre lo ardiente y lo sereno.

 

Cuenta la leyenda que, en las noches de luna llena, Urcunina envía ríos de lava que descienden lentamente por sus entrañas, como ofrendas ardientes que llegan a las orillas de La Cocha. La laguna, en respuesta, eleva suaves vapores que ascienden hasta besar las faldas del volcán eterno, creando nubes de misterio y magia. Este intercambio es un ritual sagrado, un recordatorio de que su amor es eterno, aunque sus naturalezas sean opuestas.

 

En este amor mítico, hay también un toque de comedia divina. Los espíritus de la tierra cuentan historias de cómo el impetuoso Urcunina, en un arrebato de pasión, una vez intentó sumergirse en la laguna, solo para encontrar que su fuego se transformaba en vapor, llenando el cielo de nubes. La laguna, con su calma infinita, simplemente sonrió, entendiendo que su amor debía vivirse a distancia, en una danza eterna de miradas y susurros.

 

Así, la Montaña de Fuego y la laguna sagrada viven su amor en una sinfonía de elementos y tiempos, un amor que es a la vez grandioso y humilde, cómico y trágico, pero siempre eterno. En el corazón de esta tierra sagrada, su historia es un testimonio de que el amor verdadero puede florecer incluso en las circunstancias más improbables, creando belleza y armonía en el caos del universo.


Jorge Alberto Narváez Ceballos.

Obra de Darwin Córdoba 
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miércoles, 24 de julio de 2024

CARTAS DE AMOR 25

 CARTAS DE AMOR 25

Señora Bonita,

 

En la vasta noche, cuando la oscuridad se convierte en un océano sin fin, mi voz busca la suya. Desde el abismo de su manto estrellado, me acerco en busca de refugio en sus brazos. Las sombras, eternas compañeras, me envuelven con su abrazo sin tregua. Sus secretos, antiguos y enigmáticos, murmuran historias que confunden el origen de la vida. En esa serenidad nocturna, hallo una paz que mi alma cansada del día ansía. Mis pensamientos, dispersos como hojas arrastradas por el viento, encuentran su calma.

 

Cada aurora naciente me encuentra llamándola. Desde el resplandor dorado de los primeros rayos, me acerco a usted en busca de la fuerza que sus besos prometen. Su luz incandescente, me envuelve con una calidez vital que me infunde valor. En el calor de su abrazo encuentro la fortaleza necesaria para enfrentar el día. Mi espíritu, reavivado por su presencia, se enciende de nuevo. Los sueños que parecían dormidos despiertan y florecen al nuevo amanecer.

 

Su abrazo, señora hermosa, es un murmullo de estrellas, una caricia suave que apaga mi sed de tranquilidad. Sus besos son un canto de pájaros, una melodía ardiente que eleva mi ser hacia nuevas alturas.

 

Mujer Noche y Mujer Día, danzan en mi vida como dos mariposas en una danza eterna. Dos ritmos entrelazados en una sinfonía cósmica, que se funden en una armonía perfecta. En sus brazos, me balanceo y en esa danza descubro mi verdad. Usted es mi totalidad.

 

La extraño.


Jorge Alberto Narváez Ceballos. 



SELVA

 SELVA

 

Bebo de tus fuentes frescas, 

ríos de pasión inagotable, 

donde las aguas cantan libertad, 

y me entrego sin pensarlo a su torrente, 

selva urgente.

 

Eres el océano sin playas, 

la tormenta que nunca amaina, 

profundidades expectantes, 

salvación que no comprendo, 

selva hiriente.

 

Me sumerjo en tus parajes penetrables, 

caminos musgosos, savias espesas, 

bordes profundos, 

deltas del origen, bastas sendas, 

selvas densas.

 

Trato de salvarme, más no quiero, 

de tu torrente impetuoso, 

de tus ciénagas vivas, 

caminos sin rastro, 

selva viva.

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos

Telembí
Óleo sobre lienzo 
30x40 cms
Darwin Córdoba 
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martes, 23 de julio de 2024

DANZA EN EL ABISMO

 DANZA EN EL ABISMO

En el rincón olvidado donde la tierra y el cielo se abrazan con pena,
Ella danza, libre y majestuosa, arrastrando las sombras del universo.
Cada paso es un susurro sagrado, una plegaria rota hacia lo infinito,
Un baile de pasos tristes, moviéndose entre el ser y el cosmos distante.

Danza, gran manifestación de la existencia que se pierde,
Tus movimientos no son juegos alegres; son el latido pesado
Del corazón de la tierra, el pulso cansado del planeta que respira sin sueños.
Cada giro, cada levitar, es una reverencia desesperada a la vida que se escurre.

Tú, que en tu arte desgarrador, ofreces tributo a lo que se desvanece,
Te elevas y giras, y en tu exaltación triste,
Tocas el tejido invisible, la frágil red que apenas une las cosas,
Esa conexión tenue que une a cada estrella que llora, cada río que se seca.

El cielo y la tierra se funden en tu danza desesperada,
Como una sinfonía de amor que se desangra y misterio roto,
Un acto puro de veneración al vacío,
Donde la vida se celebra en un suspiro, se renueva en la tristeza de tu vuelo.

Danza, tú que eres la canción desolada de la tierra,
La música que recita el alma rota del mundo.
En cada paso, en cada giro, tú revelas la verdad de nuestra fragmentación,
La eternidad que se desvanece en el instante de tu movimiento sombrío.

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos.