martes, 22 de julio de 2025

RESISTENCIA


Hay nombres

que no aparecen en los libros,

pero llevan inscripciones más profundas

que cualquier mármol antiguo.

 

Piel

que resistió el hambre,

el deseo prohibido,

el exilio de una patria

que jamás permitió el regreso.

 

Corazones

que no pidieron gloria,

sólo un rincón donde amar

sin esconder la voz

ni el temblor.

 

Tú también los viste

en una plaza al atardecer,

entre ruinas,

en un beso que nadie se atrevió a nombrar.

 

No todos vencieron.

Muchos fueron vencidos.

Pero aún así:

sus raíces siguen vivas en la piel,

y sus ramas

silenciosas

florecen en los que no se rinden.

 

Resistencia,

no como furia,

sino como ternura que no retrocede.

Como un "te amo"

dicho en voz baja

cuando todo

lo prohibía.

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos



 

viernes, 18 de julio de 2025

¿QUÉ DIRÍA ZEPELLIN?


 

Me dijiste

que te gustaba el rock.

Que hacías el amor

como si oyeras a Plant en voz baja

susurrándote al oído.

 

No respondí.

Te besé el hombro.

Eso bastó.

Para esa noche.

 

Después,

en la cocina,

el agua hervía

como si supiera algo.

 

Yo pensaba en tus muslos.

En la forma

en que los abriste

no para mí,

sino para la historia.

 

Led Zeppelin sonaba lejos,

en otro cuarto

o en la memoria de otro cuerpo.

 

No hay distorsión más precisa

que tu espalda arqueada.

Ni batería más terca

que el pulso que me dejaste

en el centro de la lengua.

 

¿Qué diría Robert

de todo esto?

 

Tal vez nada.

 

Tal vez solo subiría el volumen

hasta que tus gemidos

fueran parte de la canción.

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos



 

martes, 15 de julio de 2025

Y ENTONCES SONÓ PINK FLOYD


 

Estábamos hablando

de algo que ya no importa.

 

El clima,

la muerte de alguien que no conocíamos,

una película demasiado larga.

 

Y entonces sonó Pink Floyd.

No recuerdo la canción.

Solo el modo en que bajaste la mirada

como si alguien te tocara desde adentro.

 

Te fuiste a servir café.

Vi la curva exacta de tu espalda

al inclinarte.

El borde de la camiseta

se separó del pantalón.

Tu piel, tu sonrisa,

una frase de Gilmour.

 

La canción seguía.

Tus pasos volvían.

La taza en tu mano.

Tus dedos tan cerca

de los míos,

que respiré por reflejo.

 

Y entonces te toqué.

 

Todo eso sucedió en tres minutos.

Como un solo de guitarra

que nadie aplaude

porque todavía vibra en el aire.

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos


 

EL ÚLTIMO BESO

 

No sabíamos que era el último

pero el cuerpo ya lo intuía.

Tus labios tardaron más.

No por amor,

sino por el vértigo.

 

Tu boca tenía algo de viento.

Algo de flauta rota.

Algo que quería quedarse

y a la vez irse

como la voz de Ian Anderson

atravesando la tarde.

 

La habitación estaba en silencio

pero en el fondo,

muy al fondo,

sonaba Locomotive Breath

y tú apretabas mis dedos

como si pudieras aferrarte al presente

con solo ese gesto.

 

Yo pensé en decirte algo.

No lo hice.

Nunca lo hago.

 

Preferí tu clavícula,

la línea exacta donde termina el cuello

y empieza la tristeza.

 

El beso duró

lo que dura el primer acorde del solo,

cuando la canción todavía promete.

 

Después saliste.

Ni un portazo.

Solo aire.

 

Y en el fondo

seguía Jethro Tull,

como si la música supiera

que alguien

acaba de irse

sin dejar de quedarse.

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos



lunes, 14 de julio de 2025

CUANDO EL VOLCÁN QUISO ASUSTARNOS

 

Esa noche

el volcán gritó tan fuerte

que hasta las estrellas

cerraron los ojos.

 

Yo salí corriendo descalzo,

con el corazón en los talones

y mi niño dormido

en los brazos que tiemblan,

pero no sueltan.

 

¡Corra compadre!

¡Que la tierra se puso brava!

Decía mi vecino con su voz de trueno,

mientras las casas lloraban

y el suelo se sacudía

como cuando los niños

patalean por un susto.

 

Mi niño…

ay, mi niño no lloraba.

Me miraba quietico,

con esos ojos redondos

como lunas chiquitas

que lo saben todo,

pero se quedan calladas.

 

Le canté bajito,

como me cantaban a mí

cuando la tierra temblaba

debajo de mis pies:

 

Duérmete negrito,

que papá te abraza,

aunque tiemble el cielo,

no se cae la casa.

 

Y mientras el volcán seguía haciendo pucheros

y la gente corría con el alma en las manos,

yo entendí,

así, sin palabras,

que el amor

puede volverse escudo,

puede volverse estrella,

puede volverse todo,

cuando lleva a su hijo

pegadito al pecho.

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos


Volcán Galeras

 

martes, 8 de julio de 2025

ALZADO EN ALMAS


 

Y yo -

militante de la caricia,

insurrecto del deseo que no se rinde-

me quedo.

 

No huyo,

no pacto,

no claudico.

 

Me quedo

como se queda la raíz

cuando pasa la tormenta,

como se queda el pan

esperando el hambre justa.

 

Aquí,

donde la guerra pretende llamarse orden,

donde el mercado suplanta la ternura,

y el reloj estrangula el ritmo del alma,

yo abro una trinchera.

 

No de piedra,

sino de tacto.

No de muros,

sino de brazos abiertos.

 

Un refugio para los cuerpos sin patria,

para los sueños perseguidos,

para los besos exiliados

por decretos sin alma.

 

Aquí no entra la guerra,

porque hay silencio sagrado.

No entra el mercado,

porque no hay precio para el amor.

No entra el reloj,

porque la eternidad comienza

en cada gesto que no espera.

 

Y yo -

insurrecto del abrazo,

profeta de la ternura-

me quedo,

sembrando calor en medio del miedo,

haciendo del deseo una casa

y del cuerpo

una tierra prometida.

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos



lunes, 7 de julio de 2025

LA DIFERENCIA


No quise guardarte.

Ni encerrarte en mis gestos.

Ni hacer de ti

una pertenencia

que se empolva en la costumbre.

 

Te amé como se ama la lluvia:

dejando que toque,

que moje,

que pase.

 

Hubo noches

en las que fuiste todo:

mi boca llena,

mi espalda tibia,

mi centro encendido.

Y aun así,

no te pedí que te quedaras

para siempre.

 

Esa es la diferencia.

Amar no es coleccionar caricias.

Ni contar los besos

como si fueran trofeos.

Es saber

cuándo abrir los brazos

y cuándo abrir la puerta.

 

Te tuve

como se tiene el fuego:

cerca,

con cuidado,

sabiendo que no es suyo

quien lo retiene,

sino quien lo entiende.

 

Y sí,

a veces duele el espacio

que dejaste en mi cama.

Pero no cambiaría tu paso

por tu encierro.

Ni tu libertad

por mi egoísmo.

 

Porque amar - de verdad -

es eso:

tocarte sin marcarte,

quedarse sin atarte,

arder sin poseer.

 

Amar es elegir

no acumularte.

 

Jorge Alberto Narváez Ceballos